Abre una ventana de salida en el área intervenida y una de aporte en un punto alejado, creando un corredor suave. Controla la velocidad: corrientes violentas re-suspenden polvo acumulado. Trabaja por tandas de quince a veinte minutos, cierra, espera que sedimente y retoma. Si afuera hay mucho polen o humo, usa filtración primero. Acompaña con un purificador cerca de la zona de paso para capturar partículas en tránsito. Observa tu monitor para ajustar duración y frecuencia.
Instala láminas plásticas con cremallera entre habitaciones, sella rendijas con cinta de pintor y usa un ventilador orientado hacia el exterior para crear ligera presión negativa. Así, el polvo no migra al resto de la casa. Cubre rejillas inactivas con filtros temporales, protege textiles con fundas y deja pasillos delimitados con tapetes pegajosos. Revisa que las barreras no vibren excesivamente, porque liberarían depósitos. Esta contención convierte la limpieza posterior en una tarea específica y mucho más efectiva.
Utiliza mascarillas P2 o N95 durante las primeras jornadas, cuando la re-suspensión es más probable. Evita la ventilación en horas de alta contaminación exterior o vientos racheados. Si en casa hay bebés, personas con asma o mascotas sensibles, planifica estancias temporales en cuartos ya saneados o salidas breves durante operaciones intensivas. Hidrata superficies con rociado fino de agua antes de mover mobiliario para evitar nubes. Con medidas simples, mejoras el aire sin comprometer el bienestar de nadie.
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